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viernes, 6 de septiembre de 2013
miércoles, 28 de agosto de 2013
LA MAQUINA SE DETIENE por E.M. Forster (1909)
Este cuento lo leí hace mucho y me pareció muy loco, tomando en cuenta que fue escrito en 1909. Lo mencioné en varias ocasiones pero a muchos la lectura en inglés les molestaba un poco así que hice una burda y desprolija traducción ya que no lo pude encontrar en castellano por ningún lado. Debe estar bastante llena de errores ya que la hice rápido y casi no la revisé.
NOTA: Hace poco leí los comentarios y me enteré que alguien se ha tomado el trabajo de hacer una traducción seria. Para el que realmente tenga interés en leer el cuento, probablemente la experiencia sea mucho más placentera leyéndola con una buena traducción. En lo personal no la leí, pero el prólogo que hace el traductor me pareció genial. Dejo el link para el que le interese: https://edicioneselsalmon.com/2016/10/18/la-maquina-se-para/
NOTA: Hace poco leí los comentarios y me enteré que alguien se ha tomado el trabajo de hacer una traducción seria. Para el que realmente tenga interés en leer el cuento, probablemente la experiencia sea mucho más placentera leyéndola con una buena traducción. En lo personal no la leí, pero el prólogo que hace el traductor me pareció genial. Dejo el link para el que le interese: https://edicioneselsalmon.com/2016/10/18/la-maquina-se-para/
LA MAQUINA SE DETIENE
por E.M.
Forster (1909)
Traducción
Marcos Buccellato (2011)
I
LA AERONAVE
Imagine,
si usted puede, una habitación pequeña, de forma hexagonal, como la celda de
una abeja. No está iluminada ni por ventanas ni por lámparas, sin embargo la
inunda un suave resplandor. No tiene aberturas para ventilarla, aun así el aire
es fresco. No hay instrumentos musicales, pese a esto, al momento de comenzar
mi relato, el cuarto vibraba con una música melodiosa. Hay un sillón en el
centro, junto a este una mesa de lectura – esos son los únicos muebles. Y en
este sillón se sienta un bulto arropado de carne – una mujer, de un metro y
medio de alto, con la cara pálida como un hongo.
A
ella es a quien le pertenece esta habitación.
Sonó
un timbre eléctrico.
La
mujer presionó un interruptor y la música se detuvo.
‘Supongo
que debo ver quien es’, pensó, y puso su silla en movimiento. La silla, como la
música, era accionada por una maquina que la desplazo hacia el otro lado de la
habitación donde el timbre todavía sonaba de forma inoportuna.
‘¿Quién
es?’ exclamó. Su voz estaba crispada, había sido interrumpida en varias
ocasiones desde que la música había comenzado. Ella conocía a varios miles de
personas, en algunos sentidos, la interacción humana había avanzado mucho.
Pero
cuando escuchó por el receptor, su rostro blanco dejó dibujar una sonrisa entre
sus arrugas, y dijo:
‘Muy
bien. Hablemos. Voy a ponerme en aislamiento. No espero que ocurra nada
importante por los próximos cinco minutos – así que puedo darte cinco minutos
completos, Kuno. Luego debo impartir mi conferencia sobre “La música en el
periodo australiano”.’
Accionó
la perilla de aislamiento, para que nadie más pudiera hablarle. Luego tocó el aparato de iluminación, y la
pequeña habitación se hundió en la oscuridad.
‘Date
prisa’ exclamó, otra vez con irritación. ´Date prisa Kuno, aquí estoy en la
oscuridad perdiendo mi tiempo´.
Siluetas
Algo que escribí despues de ver la serie de fotos bien de familia: http://www.mariajosedamico.com.ar/personal/index.html
Siluetas
Marcos Buccellato (2011)
“¿En qué hondonada
esconderé mi alma
para que no vea tu
ausencia
que como un sol terrible,
sin ocaso,
brilla definitiva y
despiadada?”
J.L.
Borges ‘Ausencia’
“Como el Dios de los
místicos,
de Quien deben negarse
todos los predicados,
el muerto ubicuamente
ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo.”
J.L. Borges ’Remordimiento
por Cualquier Muerte”
Entre
abrí los ojos y mire por la ventana del tren.
Hacia frio y era muy temprano, al menos para mí , acostumbrado a pasar
noches de desvelo a veces en solitario y otras anestesiado por alguna actividad
insignificante en algún lugar ruidoso. Era un lunes de agosto y yo estaba
viajando en un tren semivacío, hacía ya un rato que había dejado la ciudad
atrás y veía pasar vagones cargados de gente en el sentido contrario. Me sentí
raro, como si por alguna razón estuviera yendo en la dirección equivocada,
lejos del resto, alejándome de la sociedad.
Pero había tomado este tren con un propósito, hacerle un favor a un
amigo con muchas más ocupaciones que yo.
Juan hacia poco había perdido a su abuela y, como pasa en muchos casos,
había recibido algunas propiedades como herencia. El era un hombre ocupado,
siempre trabajando y corriendo de un lado al otro, tenía una familia y muchas
obligaciones, siempre estresado y con poco tiempo para nada, por esta razón pidió
mi ayuda. Yo había tenido la suerte de heredar una modesta fortuna desde muy
joven, nada muy espectacular, pero lo suficiente como para no tener que vivir
atado a obligaciones materiales, por
otro lado, como tampoco me gustaba
demasiado el compromiso, mis intentos de formar una familia tradicional habían
fracasado, por o cual disponía de bastante tiempo libre. El problema de Juan
era que parte de su herencia consistía en una vieja propiedad abandonada que estaba lejos de la ciudad y el no tenía
tiempo de alejarse de su vida cotidiana para ver de qué se trataba o, quizás,
le daba un poco de temor romper su rutina diaria. Sabía que no era nada muy
valioso, sino probablemente su instinto material lo hubiera hecho correr a
verla. Como nos conocíamos hacia años y él me tenía confianza, me pidió si
podía ir a revisarla y decirle si había algo de valor en la misma. El había
pensado en venderla directamente sin siquiera visitarla, estaba seguro que no
había nada interesante, pero siempre estaba la posibilidad de encontrar algo.
Yo acepte sin mayor inconveniente, más allá de tener que madrugar un poco, me
resultaba entretenido hacer algo distinto.
Valhalla
Este cuento lo había escrito originalmente cuando tenia 18 años, lo perdí y a sugerencia de un amigo lo escribí de nuevo.
Valhalla Marcos Buccellato (1994) (2011)
El sol se oculta, los gritos se apagan, se escuchan los sordos gemidos de los heridos y moribundos, la batalla se ha terminado. El paisaje es desolador, sombrío y triste, cuerpos apilados, ensangrentados y torcidos de grotescas maneras adornan la planicie y en el cielo, los cuervos y el humo negro de las hogueras forman oscuras y tenebrosas formas a la roja y fría luz del atardecer de las tierras del norte. En este juego no importa la victoria o la derrota, siempre ocurre una de las dos y siempre se regresa a este campo de muerte, lo que vale es que hoy fue un buen día, muchos bravos guerreros cayeron por mi espada y otros tantos huyeron con terror en sus ojos de solo contemplar el sendero de aniquilación y sufrimiento que se abría a mi paso. Pero todo eso tampoco importa ya, tuve una buena muerte, una muerte en el fuego del combate, con el corazón latiendo al máximo, con el miedo, la emoción, la euforia y el desenfreno impensable para el hombre ordinario. Las Nornas inmortales, tejedoras del destino de los hombres, me han premiado con este final digno de leyenda, muchos sentirán celos por como he terminado mis días y generaciones enteras se inspiraran por mis hazañas en el campo de batalla.
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